Asociación Latinoamericana de Medicina Social

Actualizado 3:24 PM, 8 Mar 2017
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El tsunami provocado por el NO.

El reñido triunfo del NO en el plebiscito del pasado domingo para la refrendación popular de los acuerdos entre el gobierno y las Farc, constituye el mayor revolcón en la historia política reciente del país. Un verdadero tsunami político, cuyos significados e implicaciones tardaremos en comprender y asimilar, pero cuyas consecuencias tenemos que enfrentar de inmediato.

Más allá de las confrontaciones políticas entre el gobierno del presidente Santos y la oposición encabezada por el expresidente Uribe, el plebiscito evidenció las fuertes tensiones entre diferentes vivencias y sentimientos producidos por la larga guerra que hemos padecido. Entre las distintas escalas de valores y normas que deben fundamentar la vida en sociedad. Entre los diversos imaginarios sobre la paz posible y el modelo de sociedad que se quiere. Y, claro, entre cuáles son los puntos negociables y los no negociables en los posibles acuerdos con las organizaciones armadas. Es decir, el plebiscito nos obligó a mirarnos como país en nuestro propio espejo y a reconocer lo diversos que somos y los múltiples intereses, ideas y poderes que hacen parte de nuestra realidad nacional. Son entonces comprensibles tanto la enorme sorpresa por el triunfo del NO, como la perplejidad que ha producido internamente y en el escenario internacional.

El plebiscito no era legalmente necesario para la validez de los acuerdos entre el gobierno y las Farc. Pero el presidente lo eligió entre las diferentes modalidades de participación popular directa consideradas en la Constitución, y lo convocó para darles la mayor legitimidad posible. Era una opción válida, bien intencionada, pero muy arriesgada. Además, se programó sin el tiempo y la pedagogía proporcionales a su importancia estratégica y se ubicó inadecuadamente en la agenda. El acto de lanzamiento público de los acuerdos, por ejemplo, debió haber sido después y no antes de su refrendación popular.

Y viene entonces el interrogante sobre un tema de fondo: el carácter y los alcances de la participación popular directa en los asuntos de Estado y, para el caso, en la aprobación de los acuerdos con una organización armada. Dicha participación ¿es de forma o debe ser de fondo? ¿Es el postre o debe ser el plato fuerte de la negociación? El resultado plebiscitario de desaprobación es contundente al respecto: sin populismos, es el pueblo el que realmente decide. Para mí, que voté y volvería a votar SÍ y que acato el resultado adverso, esta es la lección principal y más valiosa. Ojalá no volvamos a olvidarla nunca.

Como la vida sigue y las luchas también, lo realmente importante ahora no es llorar sobre la leche derramada sino convertir en tareas las lecciones de este inesperado tsunami político. La inmediata es tratar de avanzar sobre lo ya logrado en los acuerdos con las Farc, aprovechando la voluntad de paz reafirmada por todos los actores. No se parte de cero ni se puede desperdiciar el trabajo juicioso de los negociadores. El avance debe implicar la inclusión real de nuevos actores, representativos de las varias vertientes del NO, del SÍ y de los casi 22 millones que se abstuvieron; la discusión serena de los argumentos de fondo de los distintos sectores, y la búsqueda conjunta de mecanismos de concertación y legitimación.
Sabiendo que no existe un acuerdo ideal, que cualquier acuerdo tiene costos y obliga a todos a ceder, el resultado del plebiscito – unánimemente a favor de la paz - da un mandato inequívoco e inaplazable de llegar pronto a acuerdos satisfactorios para todas las partes. Y no sólo con las Farc.
Ya es también claro para todos que el fin de la guerra es esencial, pero insuficiente para la construcción de la paz. Una vez logrados los acuerdos para el fin del conflicto armado, seguirá la tarea de construir una sociedad que haga posible la convivencia mediante la equidad, la tolerancia, la garantía de los derechos y la tramitación no violenta de las diferencias inevitables. Esa es la gran tarea pendiente, cuyas magnitud, complejidad y urgencia nos las acaba de evidenciar este tsunami, que debemos convertir en oportunidad histórica.

Saúl Franco.
Médico social.
Bogotá, 5 de octubre de 2016.

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La palabra perfecta: SÍ.

Por corta, compacta, positiva y creativa, SÍ es la palabra perfecta. Y la más bella que podemos pronunciar los seres humanos. No es posible encontrar una forma más breve, categórica e inequívoca de expresar en palabras un acuerdo, confirmar una decisión o comprometerse con algo.

Dos letras de nuestro abecedario, sólo dos, son suficientes para resumir y significar este vasto universo de ideas, intereses, tensiones e intenciones. Salvo en el lenguaje de nuestros indígenas embera, en el que SÍ tiene sólo una letra: Í, en la mayoría de las lenguas se necesitan más de dos para expresar esta síntesis constructiva. En inglés, francés y quechua se necesitan tres: YES, OUI y ARÍ, respectivamente.Y en náhuatl se necesita el doble de letras: QUEMAH.

Pero, a más de sintético, el SÍ es positivo y creativo. Es afirmación, común acuerdo, y representa un punto de partida, un puente entre la palabra y la acción.No es la carencia absoluta de dudas, pero sí la primacía de los argumentos a favor de algo. Y es el compromiso entusiasta de trabajar en adelante por aquello que se acepta, sea el amor o un trabajo, una causa o un contrato, una empresa o un camino.

El valor y la positividad del SÍ no es la negación de la belleza e importancia potenciales del NO. Se exaltan y valorizan recíprocamente. Son el cara y sello de nuestras decisiones diarias. En ciertas condiciones, el NO puede darnos dignidad, identidad, exigirnos compromisoy ser el principio de otra manera de hacer las cosas.Un NO a la intolerancia, nos hace más tolerantes. Un NO al maltratador puede empezar a romper la coraza del maltrato. Un NO a la guerra, puede hacernos más civilizados y abrirle las puertas a la convivencia.

En el plebiscito que someterá a prueba democrática si los colombianos/as respaldamos o no los acuerdos de paz logrados entre el Gobierno y las Farc, tras cuatro años de pacientes e inteligentes negociaciones, todo lo definiremos el próximo domingo con un SÍ o un NO. Ambos valiosos, ambos – es de esperarse – responsables y conscientes. Y aunque acataréla decisión que se tome en las urnas, como espero que lo hagamostodos, no tengo la menor duda de que en este caso la palabra correcta es también la palabra perfecta: SÍ. Y que en esta coyuntura finalmente no quedó espacio para la neutralidad.
Si lo que está en juego es el fin de una guerra degradada de más de medio siglo, en condiciones dignas para las víctimas y aceptables para ambas partes, lo correcto es votar SÍ. Si las dos alternativas son: o ensayar, con riesgos por supuesto, una convivencia civilizada, o persistir en una guerra sangrienta y sin orillas, mi voto es por el SÍ a la convivencia. Prefiero las incertidumbres de la paz a la certeza de la guerra. Si el dilema es pagar por una vez los costos moderados de la paz, o seguir pagando indefinidamente los altos costos de la guerra, con mi SÍ voy a rubricar mi decisión de pagar el módico precio de la paz y mi rechazo a seguir pagando por siempre los costos insostenibles de la guerra. Y si la cuestión se refiere a defender o no el Estado Social de Derecho, yo voto SÍ al Estado Social del Derecho a la paz, del derecho a la justicia sin impunidad ni venganzas, a la salud sin negocios y a la equidad sin privilegios.

En esta oportunidad excepcional que nos da la vida en sociedad en Colombia, resultaría imperdonable anteponer la mezquindad de las envidias y los pequeños cálculos personales o grupales, olas miopías político-electorales, a la grandeza y generosidad que nos está demandando nuestro propio futuro y el de quienes nos sucederán. Después de tanto dolor y tanto odio en esta guerra, viene muy bien el aire fresco y alegre del triunfo de la paz posible, que vamos a celebrary construir en clave de SÍ.

Saúl Franco,
Médico social.
Bogotá, 28 de septiembre de 2016.

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¿Hacia dónde va la salud en Bogotá?

Veo señales de alarma en los rumbos que van tomando la orientación de la salud y la organización de los servicios de salud en Bogotá con la actual administración. Y no es que todo lo anterior haya sido bueno o que haya que volver al pasado. Pero en salud, y en una ciudad como Bogotá, no se puede llegar arrasando lo existente, desconociendo los logros e imponiendo decisiones sin suficiente maduración.

Como capital de Colombia, Bogotá resume y refleja la realidad, la diversidad y la conflictividad nacionales. Resulta entonces comprensible que en la arena política se enfrenten aquí, a nivel de ciudad, los distintos intereses y las diversas visiones y propuestas sobre el tipo de país que se quiere construir.

En salud se vienen expresando con claridad esas diferencias en la ciudad. Durante 12 años, gobiernos progresistas o de izquierda -con aciertos y desaciertos - pusieron énfasis en el reconocimiento de la salud como derecho fundamental, en la acción frente a los determinantes sociales, económicos y ambientales de la salud, en la importancia de la participación ciudadana y el necesario equilibrio entre la prevención y la atención de las enfermedades.

Hubo logros importantes. El presupuesto de salud pública para la ciudad pasó de 33 mil millones de pesos en 2003 a 350 mil millones en 2016, multiplicándose casi por 11. La mortalidad materna cayó de 59 por cien mil nacidos vivos -pcmnv- en 2003 a 29 pcmnv en 2014. En el mismo período cayó también significativamente la mortalidad infantil evitable. Entre 2012 y 2015 el área de salud pública de la secretaría de salud llegó a tener 8.781 trabajadores, entre ellos 3.000 técnicos auxiliares de enfermería, 700 técnicos ambientales, 500 médicos, 400 psicólogos, 1.000 enfermeras y 300 técnicos en saneamiento, que integraban equipos multidisciplinarios con presencia en los sectores y hogares más pobres y apartados de la ciudad.

En enero del presente año empezó un gobierno de centro-derecha, con el lema de “recuperar la ciudad”. Con claridad en los hechos y ambigüedad en su discurso, el actual gobierno distrital ha ido mostrando que en salud prefiere dedicarse más a la atención individual de las enfermedades que a sus determinantes estructurales o a la salud pública. Que es mejor privatizar – abierta o veladamente – que fortalecer un Estado eficiente. Que aún en salud la racionalidad económica debe anteponerse a consideraciones humanitarias o epidemiológicas. Y que está bien la participación de la gente, pero formalmente y en instancias de decisión de poca trascendencia.

La actual administración ha ido desintegrando los equipos multidisciplinarios antes mencionados, despidiendo a casi todo su personal y desmontando el programa, denominado Territorios Saludables. Declaró una “emergencia sanitaria” cuyos resultados todavía no se traducen en la descongestión de las urgencias y el mejoramiento de los servicios. Logró que el Concejo distrital le aprobara, sin suficientes estudios previos, un Acuerdo para la reorganización del sector salud. Los 22 hospitales y 160 puntos de atención de la red pública, fueron fusionados en 4 redes de prestación de servicios, con los consiguientes recortes en personal y recursos. La polémica medida ya entró en vigencia, con muy poca preparación. Sus verdaderos propósitos y resultados están por verse.

Se crearon dos entidades más. Una Asesora de Gestión Administrativa y Técnica, de carácter mixto público/privado, que asumirá muchas de las funciones gerenciales de los hospitales públicos. Y el Instituto Distrital de Ciencia, Biotecnología e Innovación en Salud, con carácter también mixto, cuyos objetivos parecen deseables, pero cuyo montaje y desarrollo hay que observar con atención y cautela.
En asuntos de salud no podemos avanzar de bandazo en bandazo. Se requiere valorar mejor los logros obtenidos y debatir más las propuestas de cambio.

Y, sobre todo, anteponer el bienestar de la gente al de las finanzas, y el papel de un Estado garante de derechos, al favorecimiento del lucro privado.

Saúl Franco,
Médico social.
Bogotá, 21 de septiembre de 2016.

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El carrusel de nuestras violencias.

Es casi un lugar común afirmar que la violencia es un problema complejo y cambiante. La diversidad de sus formas, actores y víctimas; las constantes variaciones de su intensidad; sus múltiples causas, y la cantidad de teorías para explicarla, evidencian a diario su complejidad e historicidad.

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Saludcoop-Cafesalud: de mal en peor

La inocultable crisis del complejo Saludcoop-Cafesalud resume de manera trágica la crisis sin fondo del modelo de salud colombiano. Es el caso más emblemático de hasta dónde se puede llegar, impunemente hasta ahora, en negación de derechos y servicios a los pacientes, en maltrato al personal de salud, incumplimiento económico con los prestadores de servicios y con el propio Estado, despilfarro de los recursos del sector y corrupción político-administrativa. Los hechos son tantos, tan frecuentes y graves, que resulta imposible sintetizarlos en una columna de estas características. Pero vale la pena referirse al menos a algunos de los más recientes y sintomáticos.

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Nuestro respaldo y solidaridad

FRENTE DE IZQUIERDA DE CIENCIAS MÉDICAS

El Frente de Izquierda de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Cuenca,

CONSIDERANDO:

Que es un imperativo ético aunar esfuerzos para la defensa de la autonomía y de los derechos de
las comunidades universitarias, frente a los constantes agravios desde los órganos de poder.

Que la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador (UASB), ha sido objeto de acciones que lesionan sus derechos, como es al impedir el ejercicio del Rector elegido de manera legal y legítima, la reducción y retraso en la entrega de recursos económicos, y las continuas afrentas públicas.

Que la UASB constituye un referente académico y social de mucho prestigio, con una trayectoria reconocida tanto en la formación de postgradistas en las diversas áreas, como de aporte a las comunidades con la investigación y respuesta a sus problemáticas.

Que el Dr. Jaime Breilh Paz y Miño, Director del Área de Salud de la UASB y Rector (E), ha demostrado
entereza y probidad en todos sus actos, además de consecuencia en la defensa de los principios y postulados de la Universidad.

ACUERDA:

1.Expresar nuestro enérgico repudio a la arremetida de que ha sido objeto la UASB y demandar de las autoridades de educación superior, del gobierno del Ecuador y del Parlamento Andino, el respeto a la autonomía y a los principios universitarios, de conformidad con el mandato de la Constitución de la República y de las normas internacionales.

2.Reiterar el respaldo a la comunidad universitaria de la UASB, a su actuación firme y consecuente con sus postulados académicos y sociales del Alma Mater.

3.Nuestro abrazo solidario para Jaime Breilh, Profesor Honorario de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Cuenca, destacado directivo y académico de prestigio, cuya vocación por la investigación y la promoción de la salud integral para los pueblos es reconocida nacional e internacionalmente.

4.Convocar a las comunidades de las universidades del país y de la Universidad Andina con sede en otros países, a forjar la más amplia unidad para garantizar nuestros derechos y no permitir un nuevo atropello a la dignidad y autonomía.

Dado en Cuenca, a 21 de julio de 2016.

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