Carta de Río de Janeiro

DECLARACIÓN FINAL DEL XVIII CONGRESO LATINOAMERICANO DE MEDICINA SOCIAL Y SALUD COLECTIVA
En este año 2025 se celebran 40 años de la creación de la Asociación Latinoamericana de Medicina Social – ALAMES.
Fundada en la ciudad de Ouro Preto, en el estado de Minas Gerais – Brasil, Alames fue un hito en la formulación y difusión del pensamiento crítico en salud. A partir de la noción de determinación social de la salud, el pensamiento crítico retiró la salud de su concepción estrictamente biomédica para reconocerla como un proceso vinculado a las condiciones sociales y al desarrollo histórico y político de nuestras sociedades. El pensamiento crítico en salud se difundió en la región y se consolidó en la defensa de la transformación de las condiciones sociales que generan enfermedad y en la construcción de naciones justas e igualitarias. Ese sigue siendo el lema de Alames.
El XVIII Congreso Latinoamericano de Medicina Social y Salud Colectiva “Por la democracia, los derechos sociales y la salud, retomando el camino de la determinación social y de la soberanía de los pueblos”, realizado en la ciudad de Río de Janeiro del 5 al 8 de agosto de 2025, reunió a 2566 congresistas, con 1322 trabajos y 912 pósteres aprobados. Se realizaron 68 sesiones de comunicación oral, 21 mesas temáticas, 4 grandes debates y 3 grandes conferencias.
Como resultado de los trabajos, nosotras y nosotros, congresistas, afirmamos:
Nuestra defensa incondicional e innegociable de la vida humana, de la paz y de la soberanía de los pueblos.
Nuestra solidaridad con el pueblo palestino. Repudiamos el genocidio practicado por Israel, la deshumanización y el hambre como arma de guerra, con el claro objetivo de limpieza étnica y ocupación final de su territorio. Clamamos por la autodeterminación del pueblo palestino. ¡Palestina Libre!
Convocamos a los países de nuestra región a integrar el Grupo de La Haya en la organización de una misión internacional de salud en apoyo al pueblo de Gaza.
Nuestra solidaridad con nuestros hermanos cubanos, rehenes del bloqueo más largo de la historia, impuesto por Estados Unidos, país con un territorio 100 veces mayor y un PIB cerca de 300 veces el de Cuba. Esta agresión imperialista tiene el único objetivo de castigar al pueblo cubano por el camino que soberanamente eligió.
Condenamos las expulsiones de ciudadanos latinoamericanos de Estados Unidos y, en particular, la complicidad del gobierno del presidente de El Salvador, Nayib Bukele, que utiliza sus prisiones para detener a personas que buscan mejores condiciones de vida, contrariando todas las normas internacionales.
Repudiamos el ataque comercial, diplomático y político de Estados Unidos contra la soberanía de numerosos países latinoamericanos, como viene ocurriendo con Brasil y México.
Condenamos las decisiones del gobierno argentino que amenazan la salud, la educación y los derechos de los ciudadanos.
Manifestamos nuestro compromiso con la ampliación y articulación de las luchas y resistencias a nivel global y en nuestra Latinoamérica para frenar el avance de la extrema derecha en el mundo, con sus prácticas autoritarias que amenazan nuestras democracias y nuestra soberanía mediante la difusión del odio, de la mentira, del disenso, que favorecen el descontento y el desencanto de nuestra juventud, estimulando el individualismo y la violencia.
El aumento de las desigualdades en el mundo es injustificable e inaceptable, pues la humanidad ya dispone de todas las condiciones para garantizar una vida digna a todas las personas. Por eso, no aceptamos que 700 millones de personas aún pasen hambre en el mundo, mientras cerca de 3000 multimillonarios concentran más riqueza que el 60% de la población mundial.
Lejos de generar buen vivir y vida digna, el capitalismo se radicaliza en la explotación del trabajo, en la destrucción de la naturaleza, en la fragilización de los vínculos sociales, en la vulnerabilidad de los cuerpos, en la discriminación racial y étnica y en la xenofobia. Propone Estados mínimos para el pueblo, exigiendo austeridad y control fiscal sobre los recursos públicos, con reducción de derechos sociales. Pero exige y practica Estados grandes para el capital, a costa de pagos de deudas cada vez mayores a los rentistas, incentivos fiscales de todo tipo y la entrega al sector privado de activos y servicios públicos.
Consecuencia de este capitalismo depredador es la crisis ambiental que amenaza nuestra vida de hoy y del futuro. La salud colectiva reconoce sus efectos sobre la salud de las personas, pero no acepta actuar solamente en mitigarlos. La crisis ambiental, que afecta la salud de todos y todas, proviene del modelo depredador de uso de nuestras tierras y nuestros bienes naturales, convertidos en mercancías para ganancias rápidas y sólo para unos pocos, amenazando a nuestros pueblos y comunidades originarias y sus modos de vida. Un nuevo modelo requiere igualdad en la tierra e inversión en producción sostenible, con participación de quienes en la tierra viven y trabajan.
Repudiamos todas las formas de opresión y todas las prácticas de racismo, machismo, LGBTfobia, capacitismo y xenofobia.
Nuestras democracias, como nuestra región, deben ser plurales, multiculturales y en defensa de todas las personas, sin ninguna discriminación.
Combatiremos sin tregua el avance de las redes y tecnologías digitales y de la inteligencia artificial al servicio del control político e ideológico que nuestras élites ejercen para fortalecer sus patrones de acumulación y control social, revirtiéndolas a favor de nuestros pueblos.
Repudiamos las imposiciones del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional para la adopción, en nuestros países, de la Cobertura Universal de Salud (CUS) y de las Funciones Esenciales de Salud Pública (FESP), que limitan el acceso a los servicios y estimulan la participación privada en la salud. Defendemos la oferta pública y estatal de las políticas sociales y de salud y nos oponemos a su privatización y financiarización.
Creemos en la potencia y capacidad transformadora de América Latina, ya comprobada por las conquistas contra colonizadores y dictaduras. Hoy luchamos contra el neoliberalismo que se nutre de la miseria, contra la extrema derecha que mina nuestras democracias y nuestra humanidad, contra la destrucción de nuestra tierra y nuestras riquezas. La salud colectiva es crítica y por eso es positiva, construye y afirma sueños, porque la salud es el centro de la vida, es la expresión de nuestra humanidad, de nuestro cuidado unos con otros y el espacio necesario para la realización de nuestros deseos. Así, nos corresponde avanzar en la construcción de la salud en la que creemos, unificar nuestras luchas, reunir a todas y todos en torno al proyecto común de la justicia social y del bien común.
Defendemos otro orden social, pacífico, solidario y orientado a la defensa de la vida y del buen vivir. Nuestro trabajo cotidiano, como latinoamericanos de la salud colectiva, es la lucha por la democracia, por los derechos sociales y de salud, garantizados por sistemas universales públicos, equitativos y de calidad.
¡Viva Latinoamérica, viva la salud colectiva! ¡Adelante y siempre!
Río de Janeiro, 08 de agosto de 2025





