Asociación Latinoamericana de Medicina Social

actualizado 6:01 PM, Nov 22, 2021 America/Mexico_City

Conferencia Apertura XVI Congreso ALAMES Stolkiner

 

Exposición Apertura ALAMES

Alicia I. Stolkiner

En nombre de la Coordinaciòn de ALAMES quiero saludar de manera fraterna y solidaria a quienes nos acompañan en este Congreso y agradecer profundamente el esfuerzo que han hecho los y las compañeres de República Dominicana para que podamos encontrarnos de modo presencial o virtual en una circunstancia tan dramática y compleja como es la situación mundial de la pandemia COVID 19. Más que nunca, hoy, debemos fortalecer ALAMES, esta corriente de producción de pensamiento y acción, esta red de organicidad flexible que ha sido una influencia real y efectiva en el campo de la salud de los países de América Latina y que debe seguirlo siendo en concierto y articulación con movimientos y fuerzas que ponen como eje central la defensa de la vida y los derechos efectivos de todas las personas y de la naturaleza.

La Pandemia fue el acontecimiento catalizador que precipitó de manera catastrófica el desequilibrio de un sistema que ya estaba en altísimo nivel de inestabilidad, me refiero a la economía mundo capitalista tal cual se había acelerado en su voracidad a partir de la crisis de los 70 del siglo pasado, con el pasaje de la lógica de estados de bienestar al modelo neoliberal , profundizando la financiarización y confluyendo con la caìda del bloque socialista y, por ende, del mundo bipolar y de la distribuciòn geopolìtica concertada al final de la segunda gran guerra. En el convencimiento de que ya no había “un fantasma recorriendo el mundo”, el capital se ensañò con el trabajo y por lo tanto con la vida misma. La mercantilizaciòn avanzó en todas las esferas de la existencia humana, incluyendo la salud y la educación.

Las políticas sociales desarrolladas en la posguerra, producto de luchas y movilizaciones, y también de la necesidad de mantener la gobernabilidad capitalista frente a la posibilidad de los procesos revolucionarios, se convirtieron en un capital ambicionado para la inversión financiera y el lucro. Recordemos el título del documento rector del Banco Mundial para las reformas neoliberales en América Latina: “Invertir en Salud”.

Lo anterior puede ser un recorte temporal de media o corta duración, porque quizás la larga duración debamos extenderla a la invasión colonial de América, la institucionalización del secuestro para comercio de personas en Africa (esos millones traficados como esclavos que generaron los capitales que, a su vez, motorizaron la revolución industrial). El sometimiento de oriente. Un proceso que además construyó la subalternización o invisibilizaciòn de culturas, de etnias, de géneros y de diversidades varias, incluyendo los desposeídos con lo cual logrò producir, en síntesis, una otredad cuya vida y cuya muerte es subordinable a la producción y concentración de la riqueza. Ese requisito subjetivo, de que existan vidas que --como diría Judith Butler-- no merecen ser lloradas o dueladas, y el desprecio por ellas, es una condiciòn subjetiva indispensable para la sustentabilidad del proyecto. Por eso cuando la crisis de deuda de Grecia, Portugal, España e Italia, los denominaba con la sigla PIGS que en inglés significa “cerdos”.

Entre esas vidas subordinables estuvo el lugar asignado a las mujeres y a las infancias. El modelo patriarcal preexistente se incorporó como herramienta de explotación del trabajo invisibilizado femenino, destinado a aumentar la rentabilidad, sin costo salarial, de una parte del trabajo global de producción y reproducción de la sociedad. Pero también, al interior de ese núcleo que es la familia, sirvió como herramienta de reproducción y naturalización en la producción subjetiva misma, de la transformación de diferencia en desigualdad y la desigualdad en justificativo de la explotación o destrucción y tambien fundó un modelo de principio de autoridad extensible a lo social que a su vez lo sostenía.

La idea moderna original, de derechos políticos y civiles individuales, construyó en su mismo nacimiento las excepciones. Los que enunciaron tales derechos lo hicieron a su imagen y semejanza y quedaron fuera de ellos los pueblos colonizados, las mujeres y las diversidades sexuales, las infancias, los locos y , en general, los no propietarios tambièn los que en esos mismos paìses fracasaban en la competencia por vender su ùnico bien: su fuerza de trabajo, que es decir vida.

Estamos hablando del nacimiento de la modernidad occidental y su expansión universalizante colonial. Con ese paquete vino un modelo de desarrollo tecnológico --que hoy atraviesa una nueva revolución, equivalente o quizás más definitoria que lo que fue la revolución industrial- y con ello vino el considerar como recurso explotable a la naturaleza, a la madre tierra con todos sus recursos y propiedades. Occidente construyó una cultura matricida cuya metáfora mas reciente es haber asesinado la democracia en el país donde nació, Grecia. Y haberlo hecho de manera financiera, a través de la deuda pública, es un símbolo crucial.

Pero volvamos al presente. Mientras millones de personas mueren, enferman o se sumen en la precaridad, los cultores degradados de la “destrucción creativa”, inherente al desarrollo capitalista, celebran las ganancias increíbles que para algunos ha producido esta pandemia que se cobró millones de vidas y sumió a otras en el desamparo.

Segùn la OIT, alrededor de 400 millones de empleos se perdieron a nivel mundial, y las principales afectadas fueron las mujeres. La pérdida en América latina era ya, a finales de 2020, de 26 millones de empleos.

Mientras tanto la revista Forbes nos informaba que fue un año de ganancias record para los más ricos del mundo, con un aumento patrimonial de U$ 5 billones y una cantidad sin precedentes de nuevos multimillonarios. Los que, sin embargo, resisten aún una pequeña pèrdida de esas monumentales ganancias en bien del conjunto. Tambièn la cumbre del medio ambiente mostró la avaricia suicida de los países ricos, que siendo los principales responsables de la catástrofe climática y ambiental tratan de hacer recaer sobre los países pobres y endeudados los mayores sacrificios para amortiguar el calentamiento global.

Entretanto, se dispara la deuda de los países más pobres, cuya sostenibilidad, segùn un documento del Banco Mundial, se hace difìcil de evaluar y dificulta, en palabras del BM, “una recuperación económica duradera”, aunque la preocupaciòn real es que no hay informaciòn fehaciente acerca de si podrán pagarla.

A ello se agrega el aumento sideral del valor de los alimentos a nivel mundial, presagiando un incremento del hambre. El índice de precios de la FAO se disparó en septiembre hasta su nivel más alto en una década, según las cifras publicadas este jueves por la agencia de Naciones Unidas para cuestiones agrarias. El indicador, que replica la cotización de los alimentos más consumidos en el mundo, escaló un 1,2% respecto a agosto y casi un 33% respecto al mismo mes del año pasado, cuando la pandemia aún hacía estragos.

Queda claro que la pandemia y su trágico desarrollo no son fruto del azar, ni siquiera del llamado azar culposo, sino del curso mismo de la economía mundial hegemonizada por las burguesías financieras y su capacidad de destrucción necropolítica. No otra cosa demuestra la gestión de la crisis sanitaria de los países de vanguardia y de varios de los llamados emergentes, enfrentados a sistemas de salud dominados por el complejo médico industrial y financiero, que ha puesto el dispositivo biopolítico de la salud humana al servicio de la acumulación de capital y la concentración de ganancias. Y no otra cosa muestra la puja corporativa , de mercado y polìtica que ha producido una desigual y suicida distribuciòn de las vacunas.

Desenmascaràndose totalmente, aquellos que clamaban por la democracia y la república mientras financiaban dictaduras, hoy comienzan a denostar de la polìtica y tratan de vaciar los procesos democràticos efectivos utilizando la concentracion de corporaciones mediàticas, las presiones econòmicas, la justicia puesta al servicio de golpes blandos y, cuando era necesario, la más cruda violencia. Con extrema velocidad hemos visto sucederse todo esto en nuestros países. Tambièn la apariciòn de corrientes y movimientos desembozadamente de derecha que, al decir del filósofo chino Yuk Hui, “son fundamentalmente expresiones de una angustia acerca del hecho de que Occidente es incapaz de superar la fase actual de la globalización manteniendo el privilegio del que ha gozado en los últimos siglos”

Frente a este panorama desolador hay, sin embargo, una buena nueva: el siglo XXI comienza a ser nombrado como el de la globalizaciòn de las protestas. Debo recordar que en mi país, la Argentina, un levantamiento popular culminó la dècada de reformas neoliberales màs dramàtica en 2001, iniciando una dècada de desendeudamiento revertida dramàticamente en el retorno de la propuesta neoliberal extrema. Tambièn la masividad del movimiento de mujeres y de derechos de las diversidades de género logró leyes y cambios que son instrumento de una lucha que continúa, y celebremos que el feminismo latinoamericano geste redes solidarias con todas las luchas de movimientos emancipatorios, a diferencia de otras corrientes donde se llega a construir reivindicaciones excluyentes.

También, ya más recientemente, los pueblos de Chile, Colombia, Ecuador, Haití, han protagonizado movimientos de protesta. La juventud chilena asestò un golpe severo a las clases dominantes de un país que se mostraba como el èxito del neoliberalismo en la regiòn, el tìpico exito macroeconómico construido a costa de las condiciones de vida y de trabajo de la inmensa mayoría de su pueblo. Por eso, esa bella consigna que recogió la juventud chilena movilizada: “Hasta que valg a la pena vivir”, nos llega profundamente.

Pero estos movimientos son asediados por la insidia y la manipulación promovidas y financiadas por el imperio, que promueve la fragmentación basada en diferencias o diversidades que enmascaran lo común del camino en el momento. Inclusive, aparecen actores que tomando parte del discurso o de las reivindicaciones de algunos de los colectivos subalternizados, lo usan para generar ruptura entre o con otras fuerzas, de modo que al final se debilita la lucha e indirectamente y se favorece a la derecha más cruda.

En el acelerado reordenamiento geopolítico mundial que mucho suena a guerra, es indispensable si queremos evitar ser depredados volver a un camino de enlace entre naciones, como el que alguna vez logró en 2015—parece hace tanto tiempo—rechazar la propuesta del ALCA y institucionalizar el UNASUR, tan diferente en su orientación de la OEA que velozmente aprobó golpes duros y blandos.

No hay duda de que necesitamos términos amplios de unidad de acción. La constituciòn orgànica de coaliciones de fuerzas sociales, gremiales y políticas cuyo núcleo común es la conquista y defensa de reivindicaciones de vida, disfrute, trabajo y despliegue de creatividad indispensable. Coaliciones sostenidas por cuerpos en movimiento que le den materialidad y produzcan nuevos lenguajes, nuevas estéticas y nuevos sentidos. América latina está poblada por descendientes de quienes sobrevivieron a dolores profundos, de pueblos originarios avasallados y abolidos, de millones de esclavos que atravesaron el mar entre cadenas, como describe el poeta cubano, de los que huían de las guerras, el hambre, las persecuciones y la pobreza. Pero también por los herederos simbólicos de los conquistadores, que se miran en la metrópoli y construyeron el imaginario de que somos occidente. Esta comunidad de naciones diversas, con raíces y dolores comunes, debe bregar para no ser sometida al destino que le asignan quienes propugnan por la acumulaciòn indefinida: un espacio de expropiaciòn y saqueo. No podemos fragmentarnos internamente frente a semejante riesgo. Ya lo hicieron con nosotros, por ejemplo, cuando Paraguay amenazaba la hegemonía textil de Inglaterra, que promovió la infame Guerra de la Triple Alianza que aplastò ese crecimiento. Y podrìa poner otros ejemplos. Asì como promovìan el enfrentamiento entre países, lo promueven ahora al interior de los mismos e inclusive al interior de los movimientos emancipatorios. NO cedamos a ello.

Y aquí estamos nosotros, ALAMES, una organización que se propone formar parte de esa marea emancipatoria en el terreno de la salud, que es decir de la vida. Hemos atravesado distintos momentos, hemos ido incorporando discursos, actores y luchas, tenemos por delante una responsabilidad y un desafìo, tambièn la alegrìa de formar parte de un colectivo que ha sobrevivido dècadas, incluido en el pensamiento y en la gestion de acciones en salud, producido acadèmicamente y participado politicamente, sin depender de una fuente de financiaciòn que le fije condiciones.

ALAMES ha sido siempre una tarea militante, en defensa del derecho a la salud y la vida. Bienvenidos y Bienvenidas, en nombre de esta coordinaciòn que asumiò sin saber que nos tocarìa el evento mundial en salud que marcará el siglo.

Bienvenidas las nuevas y necesarias generaciones.

Libro the precariat

saude39 106